Mientras seguimos celebrando nuestro año jubilar, miramos atrás con profunda gratitud por nuestra historia bendita y las muchas formas en que Dios ha guiado nuestro camino aquí en Sudáfrica. Las Hermanas de Schoenstatt forman parte de esta historia desde 1934. En 1935, cuando el segundo grupo de hermanas fue enviado a Sudáfrica, el padre Kentenich animó a la hermana Digna, la líder del grupo, con palabras que han resonado a través de las generaciones. ¡Vamos! ¡Vete! La bendición de Dios está contigo. Imagina que llegas a Ciudad del Cabo. Nuestro Señor ya está en la Montaña de la Mesa para daros la bienvenida y bendeciros. Puedes estar seguro del «Mater habebit curam». Nuestra señora siempre cuidará de ti. Y estaré siempre detrás de ti. Estas palabras no solo estaban dirigidas a esas hermanas pioneras, sino que siguen siendo ciertas para nosotros hoy en día. Dondequiera que Dios nos envíe, va delante de nosotros con su bendición, dondequiera que estemos llamados a servir. Nuestra Señora ya está allí, acogiéndonos, guiándonos y cuidándonos. El valor de esas primeras hermanas nos recuerda que debemos confiar en el plan de Dios, incluso cuando el camino por delante es incierto. Al celebrar este jubileo, se nos recuerda que debemos confiar en que, dondequiera que Dios nos llame, ya ha preparado el camino. Él nos proporciona la gracia que necesitamos, y sus bendiciones nos acompañan en cada paso de nuestro camino personal.
#SouthAfrica #SchoenstattSistersOfMary #JubileeYear #FrKentenich
Mientras seguimos celebrando nuestro año jubilar, miramos atrás con profunda gratitud por nuestra historia bendita y las muchas formas en que Dios ha guiado nuestro camino aquí en Sudáfrica. Las Hermanas de Schoenstatt forman parte de esta historia desde 1934. En 1935, cuando el segundo grupo de hermanas fue enviado a Sudáfrica, el padre Kentenich animó a la hermana Digna, la líder del grupo, con palabras que han resonado a través de las generaciones. ¡Vamos! ¡Vete! La bendición de Dios está contigo. Imagina que llegas a Ciudad del Cabo. Nuestro Señor ya está en la Montaña de la Mesa para daros la bienvenida y bendeciros. Puedes estar seguro del «Mater habebit curam». Nuestra señora siempre cuidará de ti. Y estaré siempre detrás de ti. Estas palabras no solo estaban dirigidas a esas hermanas pioneras, sino que siguen siendo ciertas para nosotros hoy en día. Dondequiera que Dios nos envíe, va delante de nosotros con su bendición, dondequiera que estemos llamados a servir. Nuestra Señora ya está allí, acogiéndonos, guiándonos y cuidándonos. El valor de esas primeras hermanas nos recuerda que debemos confiar en el plan de Dios, incluso cuando el camino por delante es incierto. Al celebrar este jubileo, se nos recuerda que debemos confiar en que, dondequiera que Dios nos llame, ya ha preparado el camino. Él nos proporciona la gracia que necesitamos, y sus bendiciones nos acompañan en cada paso de nuestro camino personal.
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