Cuando al Padre Kentenich, después de haber salido de los calabozos subterráneos

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Cuando al Padre Kentenich, después de haber salido de los calabozos subterráneos

Cuando al Padre Kentenich, después de haber salido de los calabozos subterráneos de la Gestapo, le preguntaron cuáles habían sido las horas más difíciles de las que allí pasó, él pudo contestar con total honradez, que ni siquiera había tenido un segundo difícil.
Y explicó por qué: había aprendido a sentirse
siempre tan cobijado dentro del corazón de María y del Padre Dios, que donde fuera que estuviere – también en el calabozo, o en el campo de concentración – lograba sentirse siempre absolutamente en casa, tan enteramente a gusto como en su propio hogar, ya que nada podía separarle nunca de ese amor en el que él encontraba, segundo a segundo, toda su confianza y su alegría.

“… tenemos la profunda convicción de que la Virgen susurra aquí de veras. Ella nos habla y
encuentra siempre la palabra adecuada: la palabra adecuada a las necesidades, a las
preocupaciones, a las alegrías que le llevamos a Ella.»
(Padre Kentenich. Retiros para matrimonios. del 13 de septiembre de 1953)

Un hombre que ha alcanzado un cobijamiento interior de este grado, es sencillamente
indestructible. Ya no hay pruebas personales ni catástrofes históricas capaces de derribarlo, ni de amedrentarlo.




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