Cuarto hito: 22 de octubre de 1965
A pesar de las dificultades causadas por la separación de su fundador, Schoenstatt siguió creciendo y madurando. Se mantuvo espiritualmente vibrante y creativa. Sus objetivos y espiritualidad se hicieron más claros y partes de su organización alcanzaron su forma final.
El Concilio Vaticano II comprendió la importancia y visión del trabajo del padre Kentenich. El 22 de octubre de 1965, tras 14 años de exilio, el padre Kentenich fue reinstalado en sus funciones como fundador de Schoenstatt y recibió la bendición del Papa San Pablo VI. Esto marcó el inicio de una nueva era para la misión de Schoenstatt dentro de la Iglesia.
P. Kentenich caracterizó el significado interno del cuarto hito como «estar en la victoria divina.» Para él, su libertad y el fin del exilio eran rasgos externos que reflejaban una realidad más profunda que había ido creciendo en Schoenstatt durante los años de pruebas: una confianza profunda e inquebrantable y en el poder de Dios para lograr la victoria.
Dado su acuerdo con el final del Concilio Vaticano II, el cuarto hito también está relacionado con la misión de la Iglesia «en las costas más recientes de los tiempos.» En este sentido, Schoenstatt no solo tiene una misión para la Iglesia, sino también una misión con la Iglesia mientras trabaja para cumplir la obra que Cristo le ha encomendado. Esta cooperación, incluyendo las estructuras oficiales y el liderazgo jerárquico de la Iglesia, tomó forma concreta cuando el padre Kentenich hizo promesas definitivas a las autoridades de la Iglesia.




